Conceptos
CATEGORIA
“
Categoría” es la forma con que el intelecto humano organiza
el mundo cotidianamente experimentado.
Hay categorías espontáneas, no reflejas. Por ejemplo,
el niño pequeño segmenta el mundo entre lo animado (“cocó”)
y lo mecánico (“papú”). (Señalo el éxito
de la Coca Cola que logró que nuestros infantes ya no pidan agua
sino “Coca”).
Otras “categorías” se construyen reflexiva y técnicamente.
Por ejemplo la “categoría <magia>”, la “categoría <religión>”.
Puesto en forma, diríamos que las “categorías” son
las unidades elementales de las estructuras cognitivas que representan
la realidad ambiente.
Históricamente, se desarrolló primero el concepto de “categoría” que
llamaríamos de modelo clásico: la categoría cerrada.
Este modelo supone que una “categoría” reposa sobre
ciertas características definitorias consideradas suficientes
y necesarias que permiten decidir si cierto fenómeno pertenece
o no a determinada clase/categoría. (Por ejemplo, la “categoría” <juego> supone
ciertas características suficientes y necesarias que permiten
clasificar determinado fenómeno como juego).
Bajo esta lógica, las características
necesarias y suficientes
a) hacen que las categorías sean dicotómicas: o se pertenece
o no se pertenece a determinada categoría. No permiten, por ejemplo
que algo sea un “juego, hasta cierto punto”;
b) suponen que todas las unidades de la categoría son del mismo
rango. Si se quiere saber qué es un juego, examínese el
ajedrez, el Kino, el tenis: Todos ellos son igualmente “juegos”;
c) establecen límites claros a la “categoría” instalada:
No se puede pertenecer a dos categorías opuestas: El ajedrez es “juego”,
no matemáticas, no lógica…
Recientemente, los postwittgensteinianos, han cuestionado
el concepto de categoría cerrada. Lakoff, por ejemplo, propone lo que ha denominado
categorías radiales.
Ya no se trata de señalar cuáles sean las propiedades
necesarias y suficientes para pertenecer a determinada categoría
sino de
a) instalar un representante central, un prototipo
de la categoría.
Por ejemplo, instalar el tenis como el mejor exponente de “juego”;
b) con él pueden emparentarse otros que comparten semejanzas
tan fuertes que pueden ser considerados dentro de la misma categoría.
y aquí surge la pregunta: ¿En qué se asemejan al
tenis, el ajedrez, el Kino? Hay un margen de azar, hay reglas (¡no
todo está ni puede estar reglamentado!), hay un cierto margen
competitivo, hay premios, etc.
c) Junto con el parentesco, se reconoce la existencia
de variaciones que no obedecen reglas generales y estáticas.
El elemento prototípico actúa, pues, como imán
que atrae distintos elementos que se le asemejan gracias a su “aire
de familia”, como lo diría Wittgenstein.
Consecuencias: La
complicada red de semejanzas y variaciones impide que la categoría posea límites claros y distintos, se pueden
instalar mejores representantes de determinada categoría, es posible
pertenecer solo “hasta cierto punto” a una categoría.
Es evidente que esta propuesta instala amplitud
y elasticidad de criterio, sacrificando sí la pretensión de llegar a elaborar conceptos
claros y distintos: Es diferente el modo de tratar, por ejemplo, las
relaciones entre “magia” y “religión” (Ver
religión), entre “brujo” y “sacerdote” según
el modelo de “categorías cerradas” y el de “categorías
abiertas” o “radiales”.
Lectura: La noción de "Categoría" según
Claudia Borzi, SYNTAX,SEMANTIK UND PRAGMATIK DER KONNEKTOREN Entonces,
Así que UND (Tal/...) que, München, 1997. Inaugural Dissertation,
Cap. I. (Traducción de Jaime Moreno G.).
FE
En griego “fe” es pístis, y en latín
fides, de donde nuestra castiza fidelidad, fiduciario, etc.
En realidad, en el tema de la “fe”, el castellano ofrece
una trampa lingüística: El sustantivo “fe” no
tiene un verbo que lo acompañe (¡no existe un verbo feer!)
como sí ocurre en latín (fidare) y en griego (pisteuein).
Normalmente la “fe” va acompañada por el verbo “creer”,
de donde deriva la palabra “creencia”.
La trampa consiste justamente en que esta particularidad
lexical conduce a construir expresiones tales como “tener “fe” entendida
como equivalente a “tener creencias”. Insensiblemente se
llega a identificar “fe” con “creencia”. Y prestamente
la “creencia” sustituye a la “fe”. Entonces, “tener
fe” en Dios sería “tener creencias acerca de Él”,
lo que fácilmente se reduce a creer (?) que “hay Dios”.
Si partimos de la etimología y del uso en la literatura judeocristiana, “fe” significa
el acto de confianza, de aceptación sin vacilaciones de las invitaciones,
promesas o desafíos que una persona recibe de otra.
Si quisiéramos ponerlo en una palabra, diríamos que “fe”,
en fin de cuentas, implica la decisión de dar sentido a la existencia
a partir de la aceptación de la invitación, promesa o desafío
recibido.
Y entonces uno podría proponer que propiamente la “fe” no
se tiene sino que se va haciendo (y deshaciendo) en el entramado existencial
de la fidelidad a la invitación aceptada.
Si las cosas son así, estamos ya bastante lejos de la mera “fe-creencia” o
de la simple “fe-doctrina”.
Es distinto que una persona le diga a otra “Yo te creo a ti” o
que le diga “Yo creo en ti”. La primera forma está más
cerca de la creencia; la segunda, de la “fe-opción”.
Por supuesto, de la “fe” se siguen creencias y doctrinas.
Sin embargo mil creencias no alcanzan a formar la “fe”.
Se pueden recitar (y hasta aceptar intelectualmente)
todos los dogmas y articulaciones religiosas y no necesariamente por
ello se tiene “fe”.
Falto algo esencial: La opción.
¿Un ejemplo?
Un enamorado tiene “fe” en su enamorada si cree en ella;
si ella es decisiva para la orientación que él da a su
propia vida. Tiene “fe” en ella si opta por ella.
Puede creerle lo que ella le diga: Que tiene un
fundo en el Sur, que es la primera vez que pololea, que está estudiando en determinada
Universidad. Creencias que pueden ser totalmente verdaderas; no necesariamente
son “fe” si él no opta por ella y la deja entrar en
su vida para que se la determine.
Ya debería ir quedando claro que la opción
primera es por una persona que aparece en el horizonte de la existencia
personal,
no primeramente por creencias y doctrinas.
En consecuencia, quedan en el aire una serie de
preguntas: ¿Qué significa
tener FE EN Dios? ¿EN Cristo? ¿EN Yahweh? ¿EN Allah? ¿Se
puede tener FE EN Buda? ¿EN los extraterrestres? ¿EN …….?
Lectura: Karl Barth, Dogmatique. Premier Volume.
La doctrine de la Parole de Dieu. Prolégomènes à la Dogmatique. Tome Deuxième.
Ed. Labor et Fides. Génève. 1954. (Extractos traducidos
por el Prof. Jaime Moreno sobre la edición francesa del texto
originalmente en alemán).
HIEROFANÍA
Reúne dos raíces griegas hier- (= “sacro”)
+ fain- (“manifestar(se)”, “mostrar(se)”). Etimológicamente,
pues, “hierofanía” significa “mostrar lo sacro”, “lo
sacro en cuanto que se muestra”.
El término fue popularizado por Mircea Eliade para designar las
manifestaciones de lo sacro. (Ver sacro). Sostiene Eliade, siguiendo
la estela de sus antecesores, que no es posible describir, pensar, ni
hablar con propiedad de lo sacro, que es de suyo inmanejable. Entonces,
si lo sacro está en el corazón de la Religión y
propiamente no puede ser ni imaginado ¿cómo es posible
hablar de ella?
El principio de realidad pide renunciar a lo imposible
y hacer lo que es realmente se puede: Si no se puede hablar de lo sacro,
háblese
entonces de las manifestaciones de lo sacro, de las “hierofanías”.
Según Eliade, las hierofanías son el material más
propio del estudio de la(s) religión(es). (Ver religión).
La estructura de la hierofanía compromete
varios elementos:
- lo que se muestra, es decir, lo sacro, lo totalmente
otro, lo inefable, indecible, impensable, etc….,
- lo que muestra lo otro, es decir, algo de este
mundo (personas, espacios, tiempos, objetos, árboles, animales, etc…)
que, experimentable, medible descriptible, representable, es capaz
de apuntar hacia lo sacro.
- el que experimenta la hierofanía.
a) De “lo que se muestra”, poco o nada puede decirse, según
ya ha quedado consignado hasta la saciedad.
b) “Lo que muestra”.
La capacidad de mostrar depende de las distintas
posibilidades simbólicas
de los “elementos de este mundo”. De hecho, las posibilidades
significativas de una piedra son distintas de las de un pedazo de pan
o de las de un árbol o de las de una mujer…
Pues bien: en el caso de una hierofanía, dichas capacidades significativas
son impulsadas más allá de sus posibilidades cotidianas.
Transitoria o permanentemente, el árbol, la piedra, el pan quedan “sobredeterminados”,
como suele decirse, apuntando hacia más allá de sí mismos
y de lo cósmico: Apuntan a lo sacro.
Y casi en la misma medida en que manifiestan lo
sagrado, los elementos simbólicos lo ocultan, lo velan, lo escamotean
y hasta lo falsean.
Finalmente, debería resultar evidente que las hierofanías
están cultural e históricamente condicionadas: No todas
son iguales en todas las culturas. Y en el decurso de una misma cultura
hay hierofanías que se pierden, se desgastan y otras nuevas que
surgen.
c) “Quien experimenta” la hierofanía la vive, la
interpreta: Quizás lo más relevante de la acción
del destinatario es su labor hermenéutica.
El decide sobre la significación hierofánica. O se abre
o se cierra a ella; o experimenta cierto “escalofrío” ante
lo sacro manifiesto y velado al mismo tiempo o pasa indiferente a su
lado.
Lectura: Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, Ed. Guadarrama, Madrid,
1967.
IDOLATRÍA
Del griego eidol- (=ídolo) + latr- (adorar, servir), significa,
pues, el culto a los ídolos.
La etimología de eidolon es instructiva: Remonta a una raíz
indoeuropea vaidalos que significa “apariencia”, “manifestación”.
veidos es la “apariencia”, el “rostro”. Una raíz
protogermánica ueid significa “devorlver” (uei, que
se le emparenta, significa “dos”).
Un sugerente tratado de la idolatría se halla en la Carta a los
Romanos, aquélla que fuera escrita por Saulo / Pablo de Tarso
desde Corinto, hacia el año 63 d.C. A ella nos restringiremos
aquí.
El autor describe la construcción idolátrica
en tres pasos:
Primero: el idólatra selecciona un “elemento de este mundo” y,
- si ya no las tiene por sí mismo -, le atribuye dotes propias
de las personas: sentimientos, imaginación, poder, voluntad, inteligencia,
responsabilidad, etc.
El segundo paso es la absolutización. Se ubica eso que es solo
un “elemento de este mundo” por encima del nivel de lo humano
y de lo cósmico, imaginándolo libre de las ataduras (ab – solutus)
que imponen límites a lo fáctico.
Tercero: Una vez reconocido como perteneciente al
mundo superior, el idólatra le rinde culto, confesando así su
poder y trascendencia.
En este punto es oportuno recordar la propuesta
de René Girard. Él
considera la ofrenda de sacrificios como el acto más típicamente
religioso. Inicialmente los sacrificios fueron manifiestamente de seres
humanos. Luego, - dice Girard -, el asesinato ritual fue camuflado y
ocultado inconscientemente bajo una malla simbólica.
Rendir culto, entonces, implica, en primer lugar, ofrenda de sacrificios
(humanos, en el fondo).
Si las cosas son así, podríamos hablar de formas groseramente
(para nosotros) idolátricas: Los salvajes “negritos” que
muestran las películas hollywoodenses bailando, aullando y “sacrificando” en
torno a un ídolo de piedra o de madera enfrentados, por supuesto,
a los “rubio/as civilizado/as”. (Probablemente más
sofisticados o más disimulados son los documentales o reportajes
ahora más usuales).
Existen, sin embargo, formas más insidiosas (¿más
hipócritas?) de idolatría.
Veamos: La pregunta por la idolatría se vuelve inquietante formulada
desde el acto cultual descrito “a la Girard”: ¿Se
ofrecen hoy día sacrificios humanos?
Si lo pensamos un poco, la idolatría goza de buena salud entre
nosotros: Cuando se “sacrifica” una vida humana por una ideología
o por algún sacralizado “elemento de este mundo” se
está dentro del modelo idolátrico propuesto por Pablo de
Tarso. Y la adjetivación que éste dedica al idólatra
no tiene nada de amable. Ver el capítulo 1 de su Carta a los romanos.
En nuestro medio hay mucha retórica sacrificial y no sería
difícil espigar más de alguna muy contemporánea.
¿Habrá procedimientos idolátricos cuando se trata,
por ejemplo, de la modernización de la economía, de aplicar
las “leyes” (¿?) del progreso, de la eficiencia, del
mercado, de la seguridad nacional?
Quizás el monoteísmo sea aún una obra no concluida,
una tarea por hacer. Probablemente haya allí una oferta política
y social que no ha sido debidamente atendida.
Lectura: Carta a los Romanos, cap. 1.
Jaime Moreno G, “Mito, Religión y Violencia”, en
Segundas Jornadas Interdisciplinarias “Religión y Cultura”,
Fac. de Filosofía y Humanidades – Fac. de Ciencias Sociales,
Universidad de Chile, 1993, Págs. 16-31.
POSTMODERNIDAD
Término que, acuñado en el terreno de las artes en los
años posteriores a la II Guerra Mundial, cuestiona los patrones
occidentales bajo los cuales se entendía la modernidad (avances
tecnológicos).
Como sostiene HobsbawmX la postmodernidad atacó tanto a los estilos
autocomplacientes como a los agotados. O, mejor, atacó las formas
de realizar las actividades debían continuar realizándose,
en un estilo u otro, pero les fijó una exigencia fundamental:
“…se acoge lo diverso como tal, reconoce el derecho de las
verdades parciales, despliega una topología de lo horizontal” .
Hoy en día persiste la polémica sobre lo bien o mal fundado
del término postmodernidad.
Sea lo que sea de dicha discusión, éste designa, - por
lo menos -, el tiempo posterior a la “modernidad”, a la época
en que el lógos de la racionalidad y la técnica ejercieron
una especia de hegemonía cultural. Recoge la insatisfacción
causada por el prestigio indiscutido (¿positivista?) de lo cuantificable
y medible. Cuestiona los modelos omniabarcadores y, para repetir lo dicho
por Hobsbawm, “reconoce el derecho de las verdades parciales, despliega
una topología de lo horizontal”.
Resultan claros los desafíos que tal actitud plantea a los sistemas
religiosos que, por lo menos en nuestros medios, creen poseer la verdad
total y despliegan una topología vertical.
El doctor Armando RoaX, - no sé si con un dejo de nostalgia -,
ha reunido las siguientes características de la Postmodernidad:
a) Pérdida de vigencia de las ideologías, de los metarrelatos,
y de todo interés por lo teórico, por lo ajeno a la utilidad
inmediata.
Consecuencia: Percepción de la realidad en superficie, donde
el límite de todo aparece difuminado, sin que preocupe demasiado
la precisión de áreas de conocimiento, de profundización
o de acción.
b) La realidad deja de ser un valor de uso, cuyo
descubrimiento, contemplación
y manejo enriquece la vida de los hombres, para convertirse en mero valor
de cambio, similar al dinero, en algo que vale en la medida que pueda
ser cambiado por otra cosa.
Lyotard, uno de los estudiosos de la postmodernidad,
dice: “El
antiguo principio de que la adquisición del saber es indisociable
de la formación (Bildung) del espíritu, e incluso de la
persona, cae y caerá todavía más en desuso... Deja
de ser en sí mismo su propio fin, pierde su valor de uso’ “.
c) En la ética, preocupa solo la casuística, resolver
los problemas de acuerdo con el buen sentido o con la opinión
mayoritaria, dejando de lado el análisis de principios o teorías.
CONSECUENCIA: Se aceptan todas las posiciones
sin necesidad de justificarlas con rigor racional, y esto no tanto por
respeto al pluralismo, sino porque
en cierto modo pareciera que todo da igual y que es cuestión de
mero agrado o de liberalidad decidir por esto o lo otro.
d) Búsqueda primaria de lo hedónico,
sin ahondar en el conjunto de las situaciones y sin considerar las
consecuencias remotas
de lo que se hace.
Consecuencia: Poco respeto por la vida en sí. Ya no se la mira
como sagrada, sino más bien bajo el aspecto de proporcionar agrados
y placeres. La meta de la existencia no es su realización heroica,
buena o feliz sino su trivialización: no crear problemas, dejar
transcurrir el tiempo sin mayores preocupaciones.
e) La clásica diferencia sujeto-objeto, típica de la modernidad,
se esfuma: no hay ya un sujeto, el investigador que como observador imparcial
estudia su objeto, sino que, sobre todo en las tecnociencias, lo que
correspondería antiguamente al objeto se vuelve activamente sobre
el sujeto, lo modifica y lo cambia.
Una serie de factores, entre otros la física cuántica,
la sociedad industrial avanzada, la informática, ha llevado a
debilitar la antigua macicez de lo objetivo y a disminuir al extremo
la distancia con la realidad fantaseada, y así a la fantasía
le ha sido más fácil impregnarlo todo, constituyéndose
ello en una de las caracterizaciones de la postmodernidad; se asiste
así a una especie de estetización de la vida.
Lectura: Richard Stivers, "The Festival in
Light of the Theory of the Three Milieus. A critique of Girard's Theory
of Ritual Scapegoating.
Journal of the American Academy of Religion, LXI /3, 505-538 (Traducido
por el Prof. Jaime Moreno Garrido).
Armando Roa R., Modernidad y Posmodernidad. Ed.
Andrés Bello,
Santiago, 1995.
Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, Crítica,
1999.
PROFANO (Ver sacro).
Etimológicamente, “profano” deriva del latín
pro + fanum.
Fanum designaba la parte más íntima de los santuarios,
allí donde se manifestaba la divinidad y a la que pocos tenían
acceso y ello solo cuando hubiesen cumplido con una serie de condiciones
que los capacitaran para lo. Pro, por su parte, tiene valor espacial:
Lo que está antes o delante.
“Profano” es, entonces, originalmente un toponímico
que designa toda el área que antecede o está fuera, delante
del fanum.
En el uso, la palabra designa todo aquello de lo
que el hombre dispone a voluntad porque pertenece a un área
a la que tiene acceso, la de los cotidianos seres del mundo.
Es posible que algo “profano” sea sacralizado. Recíprocamente,
lo sacro puede ser “profanado” (¡no poner en esta palabra
ningún juicio de valor peyorativo!) cuando mediante un acto social
y hasta jurídicamente sancionado es sacado del ámbito reservado
y traspasado al “profano”, cotidiano. Por ejemplo, personas
que fueron válidamente consagradas son legalmente reinstaladas
en el mundo profano de donde habían salido.
PURO – IMPURO
La dupla “puro” – “impuro” tiene
una muy matizada variedad de significados.
a) No parece muy equivocado afirmar que el lenguaje
común (y
hasta vulgar) vincula “pureza” con sexualidad e instala un
paradigma hecho de “pureza”, “virginidad”, “inocencia”, “sin
mancha”, etc.
Esto implica la construcción del paradigma complementario: El
ejercicio sexual se alinea con la “impureza”, la “pérdida
de la virginidad”, “de la inocencia”, en definitiva
con la “mancha”.
b) Distinto alcance (sin excluir la connotación sexual) tiene
la significación de “pureza” como “lo sin mezcla”, “lo
auténtico”, “lo intacto”: Hay vino “puro”,
aceite “puro”; se debe cuidar la “pureza” del
lenguaje. Y no faltó quien, en algún momento, puso como
deber supremo de su pueblo, defender la “pureza” de la raza.
Otros, en cambio, se dedicaron a defender la “pureza” de
la ideología.
En este esquema, lo contrario de lo “puro” es lo “mezclado”,
lo “mestizo”: Pareciera que toda mezcla fuera “impura”.
c) Tercer campo de significado: lo “apto” – lo “no
apto”.
Los ejemplos más claros se hallan en dos largas tradiciones antropológicas.
- La primera vincula la menstruación con la “impureza”:
La mujer menstruante es considerada “impura”, es decir, “no
apta” para ejercer determinados actos sociales y de culto. Al mismo
tiempo, esa misma impureza la carga de cierta fuerza numinosa que la
capacita para determinadas acciones importantes para la vida común.
Como es bien sabido, la sangre menstrual tiene diferentes usos mágico-rituales.
- La otra tradición fija ciertos alimentos como “impuros”:
la carne de cerdo es “no apta” para el consumo de judíos
y musulmanes, p. ej.
Las culturas suelen marginar a ciertas personas
por ser “impuras”,
es decir, las declaran “no aptas” para la vida en sociedad.
Así sucedió con los leprosos, en los tiempos antiguos;
probablemente, sucede con los enfermos de SIDA, en los nuestros.
Obviamente, estos variados campos de significado se cruzan e imbrican,
formando intrincados juegos de lenguaje.
Queda pendiente la consideración de las vinculaciones
de lo sacro (Ver sacro) y de lo santo con la pureza y la impureza.
Y sugerimos evitar la tan espontánea identificación de “puro” con “bueno” y,
correlativamente, de “impuro” con “malo”: Baste
recordar que la contrapartida de la “pureza” es la esterilidad
y que la vida viene de la mezcla “impura”.
RELIGION
Palabra de origen estrictamente latino, parece derivar
del radical –leg-
(= “escoger”, “elegir”) al que se antepone el
prefijo iterativo, intensivo re- (“muy, mucho”, “continuamente”).
Etimológicamente, “religión” significaría,
entonces, “seleccionar cuidadosamente”, “poner mucha
y continua atención a”.
Expresiones muy cotidianas nuestras, tales como “pagar religiosamente
el arriendo”, “cumplir religiosamente con el horario”,
están muy cerca de la etimología de la palabra.
En el uso, “religión” indica el cuidado, la atención,
la “devoción” que se debe tener en el trato con lo
sacro manifestado en lugares, personas, objetos, tiempos, manipulaciones,
etc. (ver sacro, rito, HIEROFANÍA)
Lo sacro es poderoso. Su energía es necesaria para reanimar lo
cotidiano gastado por la monotonía, amenazado por la entropía.
Pero ella es también peligrosa: Puede aniquilar y destruir.
El conjunto estructurado de ideaciones sobre lo
sacro, de valores que se le atribuyen y de manipulaciones necesarias
y aptas para su recto
manejo, forman el sistema religioso que, evidentemente, se halla cultural
e históricamente condicionado.
Lectura: Jaime Moreno G., Santo Tomás de Aquino (1226 [?] - 1274).
Jaime Moreno G, “Mito, Religión y Violencia”, en
Segundas Jornadas Interdisciplinarias “Religión y Cultura”,
Fac. de Filosofía y Humanidades – Fac. de Ciencias Sociales,
Universidad de Chile, 1993, Págs. 16-31.
Antonio Elorza, “Stalin. Un dictador sin piedad”,
La Aventura de la Historia 53 (2003) 34-41. (Extracto).
Karl Barth, Dogmatique. Premier Volume. La doctrine
de la Parole de Dieu. Prolégomènes à la Dogmatique. Tome Deuxième.
Ed. Labor et Fides. Génève. 1954. (Extractos traducidos
por el Prof. Jaime Moreno sobre la edición francesa del texto
originalmente en alemán).
RITO
Deriva de la raíz sánscrita rta.
El sentido más antiguo de la palabra rta se encuentra en el Rigveda.
Significa el orden inmanente del cosmos y es sinónimo de dharma:
ley fundamental, inherente al cosmos. De ahí se sigue el sentido
de ritu: las tareas que se deben cumplir en cada estación, en
conexión con las leyes cósmicas… La palabra ritayya
designa los ladrillos del altar del fuego que simbolizan el año,
la totalidad, la potencia creadora que va a permitir al celebrante recorrer
el camino de los dioses .
En una primera aproximación, percibimos los ritos como acciones,
movimientos, dichos, cantos, manipulaciones repetidos y regulados por
reglas o códigos institucionalizados fielmente observados, que
pretenden satisfacer determinadas necesidades.
Las conductas rituales son sociales, es decir, están legitimadas
por el grupo que los reconoce y que espera obtener efectos predecibles
de su cumplimiento. Y si hay una característica que les sea propia,
es que deben repetirse en los momentos u ocasiones debidos.
Los ritos son estables; varían con mucha
dificultad. Tienen una fuerte inercia que los hace resistentes al cambio.
Todas estas características les permiten cumplir en la sociedad
un rol análogo al de la columna ósea en los vertebrados:
dan solidez, estabilidad e identidad. Incluso cuando determinado sistema
social los ha perdido y ya no son comprendidos por las nuevas generaciones,
los ritos siguen repitiéndose por inercia como restos fosilizados
del modelo sociocultural desaparecido.
Los ritos religiosos aseguran el debido contacto
con el mundo de lo sacro (Ver religión, sacro) y protegen contra las consecuencias
nefastas que podrían seguirse de una aproximación inadecuada
(ritos purificatorios, de expiación, etc.).
SACRO (Ver profano)
Etimológicamente, sacro (latín *sakro, sacer, sacra, sacrum)
deriva de una raíz indoeuropea (sak + la) de donde deriva el sustantivo
hitita saklai. Las raíces apuntan a “lo usual”, “.lo
acostumbrado”, “lo debido”.
En el uso, “sacro” designa aquello de lo que el hombre no
dispone porque pertenece a un área a la que no tiene acceso, la
de los seres divinos o por lo menos suprahumanos. Es el área apartada,
separada de lo cotidiano, de lo usual.
Sacro, entonces, se entiende en oposición
a lo profano.
Según Huguette Fugier, lo sacro supone 1) que existen seres inverificables
empíricamente, 2) que en ellos residen poderes más que
humanos y 3) que es posible obtener beneficios de ellos con invocaciones,
manipulaciones de cosas, o realizando ciertas acciones, dichos, gestos,
etc. (Ver rito).
Algo es constituido sacro por un reconocimiento
público que supone
una “consagración” la cual puede ser un acto oficial.
Se reconoce que lo consagrado ha emigrado del uso común para ingresar
permanente o transitoriamente al área de lo reservado, apartado.
La constitución de cosas sacras, días sacros, personas
sacras, etc. está, evidentemente, histórica y socialmente
condicionado.
Asistimos últimamente al deslizamiento de lo sacro desde la red
propiamente religiosa a la laical y democrática: Se sacralizan
valores democráticos (los derechos humanos, p. ej.), se ritualizan
comportamientos republicanos, etc.
Escribió Roger Caillois :
… se emplea con razón la palabra sagrado fuera del terreno
propiamente religioso para designar aquello a lo que cada uno consagra
lo mejor de su ser, lo que cada uno considera su bien supremo, lo que
venera y a lo que sacrificaría incluso su existencia. Esa es,
en efecto, la piedra de toque decisiva que, en caso de incredulidad,
permite establecer la división entre lo sagrado y lo profano.
SECTA
El término griego equivalente, háiresis, de donde deriva
nuestra “herejía”, viene de la raíz hair- que
tiene que ver con “elegir”, “escoger”. El latín
sectare, de donde nuestra “secta”, significa propiamente “cortar”, “trozar”:
Ambas etimologías son sugerentes.
Usamos aquí “secta” como término neutro, es
decir, sin ningún juicio de valor agregado, -frecuentemente descalificador,
como ocurre en el lenguaje vulgar. Con él designamos a un grupo
social
- relativamente reducido en número,
- poseedor de un fuerte sentido de identidad
- y de un elevado sentido de la propia pureza y autenticidad.
La secta flota, entonces, como cuerpo más o menos extraño
dentro del conjunto social más amplio del que se aparta por considerarlo
amenazador, dañino, inauténtico y hasta corrupto (Ver puro – impuro).
En la misma medida en que crece su rechazo a la sociedad, aumenta su
propia autoafirmación como garante y depositaria de los ideales
ignorados, desleídos o traicionados por la mayoría.
Habrá, por lo tanto, “sectas” religiosas (todos los
grupos reformadores, - cristianismo incluido -, comenzaron como tales),
políticas, artísticas, etc.: Todos los movimientos “underground” de
distinto tipo pueden ser considerados como “sectas”.
De alguna manera, pues, la secta es una antisociedad. Se instala
"dentro de otra sociedad como consciente alternativa a ella. Es
un modo de resistencia, resistencia que puede tomar la forma de simbiosis
pasiva o de hostilidad activa, incluso hasta la destrucción"
Es posible que la secta tenga éxito y que sus propuestas sean
aceptadas por grupos cada vez mayores: La “secta” inicia
entonces su tránsito a convertirse en “iglesia” (en
el sentido durkheimiano del término) (Ver iglesia), el “movimiento” se
hace “partido” (generalmente único), los “reformadores” llegan
a ser “stablishment”. Como dijo alguien, los revolucionarios
de ayer son los conservadores de hoy y los oscurantistas de mañana.
IDEOLOGIA
Por circunstancias históricas, se ha atribuido a “ideología” connotaciones
negativas, siendo identificada como categoría propia del comunismo
o nazismo. No obstante, Mannheim la
Trata de otra manera: propone la oposición Ideología – Utopía:
define como una forma de conciencia que expresa
un estado de disensión
con la realidad social.
Es decir:
El intento por escapar a las deformaciones ideológicas y utópicas
es, en último análisis, una busca de realidad. Ambos conceptos
nos proporcionan una base para un sano escepticismo, y pueden ser de
una positiva utilidad para evitar las trampas a que nos podría
conducir nuestro pensamiento. Específicamente, pueden servir para
combatir la tendencia de nuestra vida intelectual a separar el pensamiento
del mundo de la realidad, a ocultar la realidad, o a rebasar sus límites.
El pensamiento no debería contener ni más ni menos que
la realidad en cuyo medio actúa. Así como la verdadera
belleza de un sano estilo literario consiste en expresar precisamente
lo que se propone –sin exceso o deficiencia-, así el elemento
válido de nuestro conocimiento se determina pegándose a
la situación real que se trata de comprender, y no apartándose
de ella .
Mannheim estudió diversos tipos de pensamiento ideológico,
como; el conservadurismo burgués, el fascismo y las utopías
comunistas, concluyendo que las ideologías tienden a ser conservadoras,
en contraposición con las utopías, las que poseen una concepción
revolucionaria y liberadora.
ESOTERISMO
Del griego éso o eiso, “hacia dentro” y terein, “mantener”.
Entre los antiguos filósofos y en particular con Aristóteles,
se denominaba “esotérica” la enseñanza impartida
a un selecto número de discípulos, en contraposición
a las doctrinas “exotéricas” (del griego exo, “hacia
fuera”) destinadas a un público más general.
Por extensión, se aplicó este término para designar
a las normas religiosas reservadas, secretas, que ordenaban mantener
ocultos ciertos ritos y doctrinas conocidas solo por los elegidos, prohibiendo
de esta manera su divulgación y masificación entre los “profanos”.
MEMORIA – OLVIDO
La etimología de nuestra memoria remonta a la raíz men, “tener
en mente”. De ahí sigue mna, “mencionar”.
La memoria evidentemente se refiere al pasado. Y,
también evidentemente,
el pasado puede ser recordado en formas cualitativamente diversas.
Resulta posible ordenar los diferentes tipos de memoria en dos grandes
grupos: memoria individual y memoria social.
Nos preocuparemos aquí de la memoria individual tan solo en la
medida en que influye en la construcción de la memoria social.
Decir “memoria social” es mucho más que una metáfora.
La memoria social tiene una existencia real: Vive, se construye y se
celebra en el lenguaje, propiamente en el encuentro de los distintos
lenguajes individuales y grupales que constituyen el trasfondo identitario
común: Memoria individual y memoria social son como dos polos
de una elipse que se necesitan y condicionan mutuamente.
Nos interesa aquí la memoria histórica:
Se puede tratar la memoria histórica desde muchos puntos de vista.
Aquí lo voy a hacer desde el memorabile, forma simple desarrollada
por André Jolles .
Memorabile traduce el término griego (un tanto pedante, según
Jolles) apomneumónema aparentemente usado por primera vez por
Jenofonte como título de un libro. En él, Jenofonte pretendía
entregar la personalidad de Sócrates, no según su apreciación
personal…sino dejarla surgir del acontecimiento tal como se había
grabado en su memoria .
De alguna manera, pues, el memorabile busca lo histórico en cuanto
concreto: Un proceso se concentra en alguien o en un acontecimiento realmente
sucedido y en el cual los distintos elementos de detalle se integran
en el proceso de significación .
Todo el fluir de los acontecimientos cuaja en un
memorabile que se destaca como trozo de la historia que se recorta
como por sí solo en el
proceso: En él la Historia se solidifica y se hace concreta; la
lengua lo instala para esa función y lo convierte en forma literaria.
Insiste Jolles en que el memorabile sobresale en
la historia en cuanto concretización del significado de un proceso y no en cuanto imitabile
hagiográfico, ejemplo digno de imitación.
La “memoria litúrgica” funciona como celebración
de los memorabilia.
“Liturgia” viene del griego leitos (= “popular”, “comunitario”)
más “ergon” (= “trabajo”, “obra”)
y significa por tanto, “obra comunitaria”, “trabajo
común”. La construcción de un camino, la edificación
de un muro, la recolección de un impuesto eran “leitourgiai” para
los griegos. Hoy en día, “liturgia” se ha convertido
en terminus technicus para las celebraciones comunes, unas más
otras menos sacras.
La celebración litúrgica o fiesta popular es una conducta
social de un grupo, es decir, pertenece a los comportamientos “standarizados” consolidados
como uso y forma durable.
Una de las funciones más importantes de las conductas sociales
es concurrir a la formación y consolidación de la identidad
del grupo. Es el “Nosotros” quien, por ejemplo, reconoce
las fiestas y las siente como propias; sabe qué memorabile se
celebra y cómo hay que hacerlo. En ella se promueven las relaciones
interpersonales siendo ocasión apta para el encuentro: fragmentos
sociales que han permanecido aislados se reúnen en los intercambios
de las ferias, de las celebraciones matrimoniales, de los juegos, competencias,
pagos de tributos y deudas. Allí se reactivan creencias y valore
tradicionales quizás adormecidos en un palabra, se celebra la
memoria de la comunidad. La fiesta se desempeña también
como recordatorio, como anámnesis.
En cuanto al olvido, la profesora Elizabeth Lira señala que:
La pérdida de la memoria en los individuos constituye una patología
de diverso origen descrita desde la antigüedad. Las explicaciones
sobre el olvido selectivo o masivo ha constituido una incógnita,
pues se comporta en cada individuo de maneras particulares a pesar de
compartir una estructura reconocible en todos los seres humanos” .
En el campo neurológico los olvidos son identificados en ciertos
casos con amnesias o trastornos de orden psicológico, motivados
por recuerdos intolerables (torturas, amenazas, etc ).
Por otra parte, los sectores “populares” relacionan la
memoria con los sufrimientos y el alivio de éstos con el olvido
.
En este sentido, las investigaciones acerca del inconsciente, apuntaron
a develar nuevas relaciones entre memoria y olvido,
identificando que la selectividad de la memoria
tenía sentido
en el contexto de la biografía de cada sujeto. El olvido –o
la represión de la memoria- estaban aparentemente al servicio
de la vida, aunque en muchos casos esa protección implicara un
empobrecimiento importante del funcionamiento psíquico y no necesariamente
resolviera exitosamente la necesidad de poner fuera de la conciencia
lo perturbador y doloroso .
En el campo de la semiótica Lotman postula que el olvido está dado
por la exclusión de determinados textos por la cultura.
En este sentido,
la historia de la destrucción de los textos, de su exclusión
de las reservas de la memoria colectiva se mueve paralelamente a la historia
de la creación de nuevos textos. Todo nuevo movimiento artístico
cuestiona la autoridad de los textos sobre los que se basaban las épocas
precedentes, transfiriéndolos a la categoría de los no-textos,
de los textos de distinto nivel destruyéndolos” .
SEMIOTICA
Del griego semeion, signo.
Ferdinand de Saussure preveía la creación de una ciencia
que se ocuparía de estudiar los signos en la vida social. Y proponía
llamarla “Semiótica”.
Jurij Lotean, por su parte, entiende la semiótica
como una unidad cultural entera:
… la cultura interviene y se caracteriza como un sistema (de sistemas)
de signos organizados en un determinado modo.
La semiótica se ha desarrollado de distintas maneras:
- como semiótica teórica se ha preocupado
del estudio de los signos y sus sistemas;
- como descriptiva, la semiótica ha estudiado las acciones comunicativas
tanto lingüísticas como no lingüísticas (acción
dramatúrgica).
- Finalmente, la semiótica ha sido aplicada a cualquier ámbito
del quehacer: el cine, la educación, la política, etc.
Quienes se han dedicado a estos trabajos tienen clara conciencia que
… la semiótica, en tanto que práctica metodológica
orientada a la indagación del sentido, se presenta como un saber
inevitablemente paradójico y autorreferente, porque su objeto
no es propiamente un objeto, y las operaciones y efectos del sentido,
de manera aún más clara que en otras “ciencias humanas”,
están involucradas constitutivamente en sus procedimientos epistémicos
y discursivos
|